Phoenix canariensis



PHOENIX CANARIENS


Phoenix canariensis, la palmera canaria o palma canaria, es una especie de palmera endémica de las Islas Canarias. Debido a su belleza, facilidad de adaptación y resistencia al frío es una de las palmeras que más se usa en jardinería. Es una especie protegida en las islas de origen. La palmera canaria se considera, según una ley del Gobierno de Canarias, el símbolo natural del Archipiélago Canario, conjuntamente con el canario.

Palmera de gran tamaño, con tronco grueso y muy coriáceo, sus hojas (palmas) en densos penachos palmeados, pueden medir entre 2 y 3 metros de largo. Las flores se disponen en densos racimos anaranjados. Frutos más pequeños que los dátiles.

Habita las zonas bajas de las Islas Canarias, típicamente entre 10 y 500 metros sobre el nivel del mar, siendo parte de la vegetación llamada Bosque termófilo. Con las raíces aprovecha bolsas de agua subterráneas, sobrevive a cortos periodos de encharcamiento, fija tenazmente el sustrato y puede anclarse en los más inestables fondos de barranco. Es una especie muy longeva, tanto que los ejemplares más altos llegan a superar los dos y quizás tres siglos de edad.

En Ecuador, Chile, Argentina, Bolivia y Perú se utiliza como árbol ornamental principalmente en plazas y parques; y se planta en ciudades de clima mediterráneo, e incluso en ciudades de clima templado del sur de Chile, como por ejemplo la ciudad de Valdivia. En la Península Iberica prospera en todas la fachadas litorales y las altitudes medias del interior.

Resultado de imagen de phoenix canariensis frutoEn Canarias existe una multitud de aprovechamientos de las distintas partes de la palmera, hoy parcialmente en desuso. En la Isla de La Gomera, se extrae la savia llamada guarapo para producir la Miel de Palma. Produce frutos comestibles llamados támaras que son parecidos a los dátiles de Phoenix dactylifera, pero de menor tamaño y menor calidad para el paladar. Las hojas se utilizan como escobas, es común ver a los barrenderos de las islas utilizarlas como herramienta de trabajo.
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Desde el año 2005, la palmera canaria es afectada por una grave plaga de picudos rojos. Estos curculionoideos, que proceden de la Polinesia y del Sudeste Asiático, se instalan en la copa de las palmeras, las atacan (secada de las hojas) y las acaban matando. La detección precoz es fundamental para poder salvar la palmera afectada y controlar la expansión de la plaga. Si, finalmente, no se puede salvar el árbol, la única vía para evitar la propagación de los escarabajos es talarlo.


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